No nos gusta el tiempo. El de las horas, los relojes y las cuentas atrás. Estoy un poco hasta las narices de los que usan frases intentando pararlo o acelerarlo. Y en lo último que piensan es, seguramente, en aprovecharlo. No consigo entender por qué no suele gustarnos estar donde y cuando estamos. Con esto quiero decir que lo importante, al fin y al cabo, no es el tiempo (o el destiempo). Sino lo que pasa mientras tanto. Mientras intentamos convencernos de que "ya falta menos para" o de si "te acuerdas cuándo". Hace unas semanas del día de la madre y no ha sido hasta ahora que me he hecho con este reloj sin agujas para ella. Es de la marca Cerro, que hace cosas con mecanismos de relojes antiguos que buah. Podéis encontrar esto y más en Señor López (C/Andrés Borrego, 3), una mueblería súper guay en Malasaña, o seguir -día a día, minuto a minuto, segundo a segundo- todo lo que pasa por la cabeza de sus tres mentes pensantes haciendo click AQUÍ o AQUÍ. Tic tac, tic tac, tic tac.
María de Miguel.
Conozco a María y a su cámara desde hace poco más de un año. Hoy no quiero hablar de la parte personal, que es perfecta, sino de su trabajo. Impecable siempre. Fácil. Delicadito. Con (mucho) gusto. Sus fotos transmiten el mismo buen rollo que ella. A veces pienso que María es la persona que más veces sonríe por segundo. Y eso me encanta. Como me encantan estas fotos que me ha regalado esta tarde y que me han subido el ánimo. Siempre me dice que soy muy guapo.
total look H&M
Siete mares.
Para mí el mar es mucho más que una playa. Quiero decir, el mar son muchas más cosas que arena, brisa y sal. A mí el mar me sirve para echar de menos a la gente (pero en plan bien), para respirar y para contar las semanas que faltan para nuestro próximo encuentro. Aquí mis siete mares favoritos de dos mil doce y (lo que llevamos de) dos mil trece. Algunos ya están deseando que vuelva a verles. Y no queda nada, amigos, nada.
El de Fuerteventura. Con treinta grados en enero.
El de Formentera. Desde un barco. Atardeciendo. Hasta arriba. Con los mejores amigos del mundo.
El de Benidorm. Con sus viejas, sus viejos, sus tumbonas, sus sombrillas, sus paellas. Con las ganas de volver este verano y que el Low Cost Festival lo vuelva a hacer perfecto.
El de Ibiza. Desde Ushuaia. O casi, no lo recuerdo bien.
El de Barcelona. Para dos rayos de sol.
El de San Juan de Gaztelugatxe. Donde dicen que los deseos se cumplen tirando nosecuántas veces de la cuerda que mueve la campana de un monasterio.
El de Comarruga, en Tarragona, en Semana Santa, como cuando éramos pequeños.
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